LA PARTICIPACIÓN EN RENOVACIÓN URBANA: MÁS ALLÁ DE LA CONSULTA CIUDADANA – Gabriela Niño S.

En el ejercicio de planear y desarrollar proyectos de renovación urbana, la participación ciudadana frecuentemente ha sido considerada como un paso formal, en el que, de un lado, los interesados en promover el proyecto lo exponen y justifican, y del otro, la ciudadanía afectada lo conoce y a veces lo critica. De cara a la gestión inmobiliaria que requiere la renovación, la participación también es vista frecuentemente como un espacio para tratar de crear aceptación frente al proyecto, y así facilitar la venta voluntaria o vinculación de los propietarios, o de lo contrario advertir sobre la posibilidad de una adquisición forzosa por expropiación.

El artículo “la participación en renovación urbana: más allá de la consulta ciudadana” desarrolla una reflexión en torno al verdadero alcance que ella puede tener, con el propósito de plantear recomendaciones para cualificar los procesos participativos en estos proyectos, aprovechando para este ejercicio la experiencia en acompañamiento a diferentes procesos que ha realizado la Delegada para la Participación y los Programas Especiales de la Veeduría Distrital. El proceso del Plan Parcial Triángulo de Fenicia generó un interesante saldo pedagógico sobre las oportunidades y dificultades que ofrece la participación en renovación urbana.

Se analizan los conceptos de participación y capital social y sus principales problemáticas, reconociendo su papel en la construcción de lo público. La noción de participación se refiere a procesos en los cuales las personas, de manera individual u organizada, hacen parte de un escenario de deliberación, diálogo y construcción de acuerdos que median intereses específicos en relación con una actividad propia de la esfera pública. La Ley 134 de 1994 consagra el derecho a la participación en todo el ciclo de la gestión administrativa, que incluye el involucramiento en la toma de decisiones, en la ejecución y en el control y fiscalización, mientras que la ley 388 de 1997 establece de manera específica unos espacios de participación, incluidos los que se dan en los planes parciales. Por su parte, las normas distritales que adoptan el Sistema Distrital de Participación Ciudadana y la Política Pública de Participación Incidente reconocen, abro comillas, “el derecho a la participación incidente de la ciudadanía y sus organizaciones en los procesos de formulación, decisión, ejecución, seguimiento, evaluación y control social de las políticas públicas, Plan Distrital de Desarrollo, Planes Locales de Desarrollo y Plan de Ordenamiento Territorial”

Pero la participación no está exenta de problemas que afectan la capacidad de incidencia de los ciudadanos, como dificultades de acceso a la información, escaso diálogo y desconfianza entre ciudadanos y actores públicos, baja capacidad de organización, discontinuidad de los procesos, falta de claridad sobre el nivel de incidencia de la participación y en algunos casos cooptación de los espacios por parte de actores que agencian intereses particulares. Muchos de estos factores se relacionan con el nivel de fortaleza del capital social presente en las comunidades que se involucran en estos procesos.

A partir de estas reflexiones, el artículo profundiza en el análisis de los problemas que afectan la participación en los proyectos de renovación. Una de las particularidades de estos procesos es la coincidencia de actores con funciones e intereses distintos: los moradores, los vecinos, el promotor y la administración, que se articulan en torno a la idea de un proyecto que probablemente cambiará la composición social, económica y ambiental de un territorio específico, y es por esto que en os proyectos de renovación no se puede ignorar que las preexistencias determinan las carencias, necesidades, fortalezas y valores de los moradores originales, y entran en tensión con las transformaciones proyectadas.

En Bogotá la participación en renovación urbana usualmente se ha desarrollado como una fase consultiva de los proyectos, pero la actual política de revitalización lleva a evaluar y replantear la forma en que se ha dado la participación para asegurar un desarrollo urbano más sostenible. Por esto, el artículo explora las características particulares de algunos proyectos en los que la Veeduría Distrital ha realizado acompañamiento: El Plan Parcial San Bernardo, el proyecto Ciudad CAN y el Plan Parcial Triángulo de Fenicia. Se encuentra que los procesos de participación, en general, se ven afectados por problemas como difícil acceso y comprensión de la información, falta de visibilidad de las agendas de los actores, desconfianzas mutuas, aprensión ante la propuesta urbana y económica, miedo al desplazamiento y a la pérdida de arraigo, baja capacidad de resolución de conflictos y desconocimiento de los temas técnicos de la planificación urbana. En el caso particular del Triángulo de Fenicia, la Veeduría procuró facilitar el diálogo y concertación entre el promotor, la administración y un grupo de moradores, y promover el ejercicio del control social. Luego de abrir unos canales de comunicación a partir del reconocimiento de errores mutuos pasados, el grupo de moradores participantes logró precisar su conflicto con el promotor y la administración en ocho puntos objeto de negociación.

Esta experiencia mostró que es posible realizar una participación incidente si:

  • Se hace la concertación previa de la agenda y las reglas de juego de los actores
  • Hay apertura al diálogo y la deliberación constructiva.
  • Se tienen claros los límites de la negociación y el alcance para la participación
  • Se establecen mecanismos que den continuidad a la participación y al control más allá de la adopción del proyecto.
  • Se establece una ruta metodológica para el desarrollo de los espacios de dialogo.
  • Se asegura un flujo de información amplio, oportuno y de fácil comprensión.
  • Se definen y manifiestan abiertamente los intereses de los participantes.
  • Se fortalece el papel de las entidades públicas en el proceso.

También, este caso plantea algunas preguntas sobre estos procesos, por ejemplo: ¿Cuándo empieza la participación y cuándo acaba? ¿Hasta dónde llega la participación? ¿Cómo incentivar la participación masiva? ¿Cómo conciliar la agenda e intereses de distintos grupos de moradores? ¿Cuáles son los valores a conciliar en el proyecto? ¿Cuál es el papel de la Administración, del promotor y de terceros facilitadores como la Veeduría?  ¿Cómo asegurar que la comunidad salga fortalecida del proceso y exista una buena convivencia entre los residentes originales y nuevos?

Finalmente, el artículo plantea unas conclusiones sobre los beneficios y retos de la participación ciudadana en proyectos de renovación urbana, y plantea y describe una posible ruta metodológica para estos procesos, que va desde la iniciativa hasta la gestión y desarrollo de los proyectos. Se propone adelantar la participación en cuatro momentos que pueden ir a la par con las fases de la maduración del proyecto: la construcción de confianza paralela a la fase de determinantes, la deliberación y toma de decisión en la fase de formulación, la formalización de acuerdos en la fase de adopción, y el seguimiento y control a la par con la fase de ejecución.

Finalmente, el artículo resalta que la participación es un derecho que hace parte fundamental de la democracia, por lo que hay que romper con la idea de que es una obligación procedimental, y asumir que es inherente a la gestión pública y al desarrollo de proyectos urbanos. Y se señala que un proceso de participación en renovación urbana podría considerarse exitoso si ha logrado incidir en tres cosas: 1) el mejoramiento de la calidad del entorno urbano, en términos de mejores soportes urbanos y más calidad paisajística, acordes con la nueva estructura social y económica, 2) el fortalecimiento del capital social que se convierte en el factor clave que facilita la permanencia de la población, y 3) el fortalecimiento del sentido de lo colectivo, de corresponsabilidad en el cuidado de lo público y del proyecto de ciudad de largo plazo.

Articulo Completo: De la Renovación a la Revitalización.  Paginas 180 –  197

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